El punto de partida
56 m² en el casco antiguo de Almería. El piso ya había sufrido una intervención anterior: distribución modificada, un lavadero añadido, tabiques que no respondían a ninguna lógica. Estado original, instalaciones agotadas, y muros de carga que definían los límites de lo posible.
Lo que para otros es un problema, para nosotros es información. El objetivo estaba claro: transformar el espacio para alquiler de larga temporada con un diseño cálido, funcional y con carácter.
Dos zonas, un criterio
Eliminamos tabiques innecesarios y trabajamos con las limitaciones estructurales para crear dos zonas diferenciadas pero conectadas. La zona de día, muy luminosa, con materiales que evocan la luz y frescura de los patios andaluces. La zona de noche, más cálida y envolvente: dormitorio, vestidor y baño en suite.
Abrimos al máximo los huecos de las ventanas para captar luz y vistas a una zona en plena renovación urbana. Los techos altos se mantuvieron intactos para potenciar la amplitud visual.
Materiales que evocan el Mediterráneo
Una paleta pensada para este lugar: suelos de porcelánico rectificado, alicatados en pasta blanca, carpintería en un sutil amarillo pastel y detalles en roble que aportan calidez y personalidad. Las paredes blancas amplifican la luz natural; los muros originales de ladrillo visto conservan el alma del edificio.
La cocina, de IKEA personalizada, incluye una placa con extractor integrado — una solución inteligente para mantener una estética limpia sin perder capacidad de almacenaje.